Cuando éramos niños los viejos tenían como treinta un charco era un océano la muerte lisa y llana no existía luego cuando muchachos los viejos eran gente de cuarenta un estanque era océano la muerte solamente una palabra ya cuando nos casamos los ancianos estaban en cincuenta
¿Surgió de bajo tierra? ¿Se desprendió del cielo? Estaba entre los ruidos, herido, malherido, inmóvil, en silencio, hincado ante la tarde, ante lo inevitable, las venas adheridas al espanto, al asfalto, con sus crenchas caídas, con sus ojos de santo, todo, todo desnudo, casi azul, de
Pincel divino, venturosa mano, perfecta habilidad única y rara; concepto altivo do la envidia avara si te piensa enmendar, presume en vano. Delicado matiz que el ser humano nos muestra cual el cielo lo mostrara; beldad cuya beldad se ve tan clara que al ojo engaña el arte soberano. Artíf
Vivo sin vivir en mí y de tal manera espero que muero porque no muero. I En mí yo no vivo ya y sin Dios vivir no puedo pues sin él y sin mí quedo éste vivir qué será? Mil muertes se me hará pues mi misma vida espero muriendo porque no muero. II Esta vida que yo vi
Si Amor entre las plumas de su nido Prendió mi libertad, ¿qué hará ahora, Que en tus ojos, dulcísima señora, Armado vuela, ya que no vestido? Entre las vïoletas fui herido Del áspid que hoy entre los lilios mora; Igual fuerza tenías siendo aurora, Que ya como sol tienes bien nacido. Salu
Mira, mi bien, cuán mustia y desecada del sol al resplandor está la rosa que en tu seno tan fresca y olorosa pusiera ayer mi mano enamorada. Dentro de pocas horas será nada... No se hallará en la tierra alguna cosa que a mudanza feliz o dolorosa no se encuentre sujeta y obligada. Sigue a
A Cristina y Angélica Ahora que quizás, en un año de calma, piense: la poesía me sirvió para esto: no pude ser feliz, ello me fue negado, pero escribí. Escribí: fui la víctima de la mendicidad y el orgullo mezclados y ajusticié también a unos pocos lectores; tendí la mano en puertas que
Composición recitada por una niña en Tacubaya de los Mártires, el 11 de septiembre de 1873. Ante el recuerdo bendito de aquella noche sagrada en que la patria alherrojada rompió al fin su esclavitud; ante la dulce memoria de aquella hora y de aquel día, yo siento que en el alma mía canta a
El olor de gardenia me embriagaba, Me transportaba a un edén soñado Con mi amante y amada acompañado El tiempo se detuvo, no pasaba. La brisa acariciaba nuestros pechos Y tu pecho en mi pecho se dormía, Se despertó el amor amada mía Rodeado de juncias y de helechos. Jardín en miniatura a
Sucede que las sondas electromagnéticas temen a las aguas del océano. Y son entendibles sus razones. Por más alta que sea su frecuencia, éste las amortigua, las desvanece, las aniquila, como hace con los rayos de luz y con los náufragos irrecuperables. Ni siquiera el láser, tan pertinaz, puede tr