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AQUELLA VENTANA, MI BAUTISMO DE LUZ. No sé si este poema vendrá a cuento,
ni si mi atrevimiento y ocurrencia
conseguirán plasmar mis sentimientos
al ver cómo se acerca por momentos
el trágico final de tu existencia.
A través de tu alma transparente
cruzó aquella mañana la frontera
hiriéndo mis pupilas inocentes,
para dejar luego caer sobre mi frente
el suave beso de mi luz primera.
La claridad, si cabe, más hermosa,
que a mi cuerpo por completo lo envolviera
como un baño de agua luminosa,
fue un bautismo de luz maravillosa
el que de tu mirada recibiera.
Te miro hoy y a navegar me invitas,
sobre olas de añorado terciopelo,
por un mar de caricias infinitas
que aquellas dulces manos, ya marchitas,
solían derramar sobre mi pelo.
A veces creo sentir la voz del viento
en cualquier noche del invierno fría,
obcecado en tenaz y vano intento,
rondarte con monótono lamento
para entrar en mi cuarto si podía.
Adónde fue la luz de tu mirada.
Y quién quebró el cristal de tu retina.
Me duele verte ciega y condenada,
tú que siempre pregonabas la alborada
y acunabas las luces vespertinas.
Acepta tu final humildemente
y deja al mundo ahogarse en su arrogancia,
que tú seras memoria permanente,
testigo fiel, estático y silente
de los sueños mas tiernos de mi infancia.