Poemas de amor. MI BARQUITA, de Santos Aparicio 
 

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Disfruta del poema MI BARQUITA de Santos Aparicio

MI BARQUITA




MI BARQUITA

Tengo una barca en mi blanca casa.
Le he pintado ojos negros,
Y un casco del color de plata.
Con ella voy a lugares encantados...
¡Somos amigos los dos, y estamos compenetrados!

Avanza con paso lento, mi barquita, la pequeña,
por las aguas cristalinas, juguetonas y ambarinas.
El lago con su silencio, los cisnes con amoríos,
la saludan cuando pasa vestida de blanco armiño.

Hemos perdido el sol, y nos encontramos tostados,
Pero por allá, se aproxima un lobo de los océanos.
Los marineros alegres, se inclinan cuando pasas,
Y arremolinan sus pañuelos, y te cantan alabanzas.

Los misterios de la noche, tapizada de luz clara,
salpicada de perfumes, alegran tus añoranzas.
Misterios y cuevas oscuras, se levantan en las aguas,
Y los peces nos contemplan en esta noche callada.

Hemos dejado el lago, acunado con tranquilas aguas...
El mar vestido de novia con sus olas plateadas,
Nos acompaña a los dos, en esta noche estrellada.

Mi barquita muy contenta, ya me lleva en volandas...
Se mueve, se tranquiliza, y hunde su carne blanca.
Queremos coger el sol, este sol, hoy muy dorado,
Que se ve allá a lo lejos, despierto y sobresaltado.
Se retira de nosotros, que entusiasmados,
Vamos pendientes de él, que engalanado,
marcha a tierras extrañas a dar vida con sus rayos.

Adornada de banderas, de colores muy diversos,
Es saludada por todos, grandes, chicos y pequeños....
¡Ella baja y sube entre las olas, recordando el nacimiento!

Esta luna embrujada, junto a la noche estrellada,
te mira mi barquita, mi barquita de oro y plata.
Un amor puro y sincero, te ofrece en este día,
y es que la luna valiente, es sencilla y atrevida….
Las luciérnagas del cielo, como lámparas te alumbran...
son estrellitas y estrellas, que te cuentan aventuras.

La mañana es muy tranquila, silenciosa y apagada,
Por eso hoy nos quedamos, en la casita,
junto a la leña quemada.

La lluvia está cayendo, y el agua nos ha calado,
por eso te he dejado escondida, entre las hierbas del prado.

Unas ruinas se divisan, desde tu escondite encantado,
Son las ruinas de un castillo que los cristianos tomaron,
a unos moros revoltosos que vinieron de otros lados.

Como sombras misteriosas, las montañas se levantan,
Cortan el cielo y la tierra, ofreciéndote arrogancia.

Mi cuerpo quedó estampado, en su alfombra verde-clara...
Tú, quedaste estampada en el lago con sus cisnes,
Y violines que tocaban.

Escondida y maltrecha, está la ermita enclavada...
¡Me has llevado a ver sus ruinas, por las azuladas aguas!
El sol la viste de rosa, la luna besa su cara,
Y las flores de los campos, la rodean de fragancia.

Encima de mi barquita, hemos llegado al puerto,
donde todos la saludan, y les envían sus besos.
Le enseñé sus edificios, sus murallas y el movimiento...
Ella suave navega, y los recorre en silencio.

Rodeada de arboleda, la casita se levanta,
Y nos acoge a los dos, con el viento y con la calma.
Muy blanca es la casita rodeada de arboleda,
son sus fuertes murallas que las defiende de fieras.
Valiente , desafía a los vientos, y al huracán cuando llega.

Los magnolios te perfuman, los granados te engalanan,
y los almendros en flor te ofrecen su sabia guardia….
Hoy, te enseñado la arboleda navegando por las aguas,
mientras las sirenas de otros barcos, te saludaban con ansia.

Contempla hoy las margaritas, los claveles, los rosales,
Y todas las flores del campo con bellas tonalidades.
Las amapolas, los lirios, la azucena y la genciana
Te adornan mi barquita esparciendo su fragancia.

Las olas muy revoltosas, te azotan, mi barquita,
y me defiendes con tesón y con valentía.
La lucha es desigual, y tú, agotada y exhausta,
Con tus ojos cansados, me miras sin poder más.

Hoy, te he enseñado edificios altos y bajos,
Las iglesias con sus torres, y balcones adornados.
El egoísmo y la envidia, sus raíces han echado,
podría venir un Diluvio, como jamás se ha soñado.

No te apures barquita, sé que mañana mismo,
Te vestirás de mayor, y pasearemos juntos,
Por este lago transparente y con el sol.

Salimos del cielo risueño de la ciudad visitada,
y el cielo nos sonreía, al ver nuestra triste cara.
Alegría me dio, al ver a la luna clara,
iluminar en la noche a mi barquita espantada.

Las olas y el fuerte viento, la llevaban en volandas,
La subían por los aires, para caer en las garras
de un mar enfurecido que le desgarraba el alma….
A lo lejos la ciudad, vestida de negras sayas,
sólo pensaba en cerrar las puertas y las ventanas.

¡Qué sólo estábamos con el viento y granizada...
Yo, miraba a mi barquita, que resistía con calma!

Pensábamos en tantas cosas mientras la muerte acechaba,
que la muerte no era muerte, era una vida con ansia,
de vivir muchos instantes como estos y con calma.

¡Ha muerto mi blanca barca, con sus ojitos pintados
con sus cejas alargadas y sus costados rosados!...
Unas olas traicioneras nos lanzó contra las rocas,
a ella la partió en dos, y a mí,
me rompió las piernas, cabeza y boca.

Mi cerebro hoy no piensa, mis poesías ya no saltan,
y mi corazón marchito perdido está en lontananza.

santos aparicio


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